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EL SACERDOCIO DE LOS PADRES

Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes… Deuteronomio 11:19. Dios siempre ha tenido un especial cuidado para la familia. Tenía un plan para Adán y Eva al colocarlos en el huerto. Salvó una familia de los juicios de la tierra (Gn. 8:16). Prometió a Abraham que en su simiente serían benditas todas las familias (Gn. 12:3). Cuando el pueblo de Israel estaba en Egipto salvó a los primogénitos de cada familia (Ex. 12:13). Cuando el pueblo poseyó Canaán mandó que se acercaran y regocijaran por familias (Deu. 12:7). Dios mismo cuidó a personas con el propósito de preservar toda la línea genealógica para que naciera Jesús. Y de entre todas las familias de la tierra escogió la familia de Belén para que allí naciera el Señor de Israel (Mi. 5:2).

En el Antiguo Testamento y en la cultura Hebrea, los padres actuaban como sacerdotes representando a su familia delante de Dios. Antes que Dios escogiera una tribu para servir en el sacerdocio, delegó en los padres esta responsabilidad. El pasaje que utilizamos inicialmente, nos habla de tan solo uno de los deberes de los sacerdotes que han atesorado la Palabra: enseñar a sus hijos mientras estén en la casa, vayan por el camino y al descansar. La familia es la Iglesia pequeña y Dios ha delegado autoridad en los padres para que cumplan con su función.

 

  1. DIOS INSTITUYE EL SACERDOCIO DE LOS PADRES:

La familia como primera entidad constituida por Dios, establece la base para la formación de nuestra vida. Dios formó a Adán y Eva y los unió en matrimonio. Ellos fueron visitados por Dios Padre, con quien mantenían una comunión especial. Estos a su vez, trasladaron a sus hijos la necesidad de mantener una relación con su creador. Es de esta manera que sabían como adorar a Dios (Gn.4:3.4).

Los padres son constituidos como autoridad en el hogar (Ro. 13:1). Ellos son los responsables no solo por suplir lo material sino, para el alma y el espíritu de quienes conforman dicho hogar (1 Ti. 5:8). En ese sentido, son ellos quienes con su ejemplo deben guiar a sus hijos en lo secular y espiritual. Llama la atención la importancia y respeto que los israelitas tienen respecto a sus padres. Cuando el criado de Abraham busca esposa para su hijo Isaac, busca de entre la misma parentela, Rebeca consulta a sus padres, respecto a la decisión que tomaría y sale con la bendición de ambos (Gn. 24:28,50,60). El mismo Jesús con su ejemplo nos enseña la sujeción que como hijos debemos a nuestros padres (Lc. 2:51).

Cuando el Señor liberó al gadareno este insistía en seguirle, Jesús le dio instrucciones para que fuera a los suyos (familia) y contara cuán grandes cosas hizo el Señor en su vida (Mr. 5:19). De la misma manera el Señor, demanda que compartamos a los nuestros las cosas que el Señor está haciendo en nuestras vidas, así como, mostrarnos como ejemplo de lo que el Evangelio hace en cada uno de nosotros (1 P. 3:1-7).

El Nuevo Testamento que constituye la realidad de la sombra del Antiguo, manifiesta la responsabilidad de los padres. No se trata únicamente de haber traído hijos a este mundo, sino engendrarlos espiritualmente (1 Ti. 2:15). La Palabra manda criarlos en disciplina y amonestación (Ef. 6:4). Quizás una de las tareas más hermosas sea el inducirlos para que ellos en lo personal conozcan a Jesús como su salvador de manera que tengan temor y no se aparten del camino aún cuando lleguen a la edad adulta (Pr. 22:6).

 

Tanto el padre como la madre participan del magisterio, del sacerdocio y de la pastoral de Cristo. Ellos son los primeros catequistas y formadores de la fe cristiana.

La Iglesia, en su función magisterial, tiene la misión de transmitir la fe, velar por las tradiciones y verdades de la Iglesia. Cristo nos ha revelado la verdad acerca del Padre y nos ha mostrado el sentido del hombre mismo.

Esto se ha afianzado durante los siglos por medio de tradiciones que cultivaron y ayudaron a llevar a la vida dichas verdades cristianas. Es nuestra tarea como familias “velar” para que nuestros hijos crezcan en dicha tradición y puedan continuarla.

Hoy más que nunca necesitamos claridad acerca de las verdades y costumbres cristianas ya que nuestros hijos están constantemente bombardeados por un ambiente secularista y poco cristiano. Queremos ser catequistas, educadores en los valores y costumbres cristianas para nuestros hijos. De allí la pregunta de cuánto tiempo le dedicamos a nuestra formación catequética.

Lo que no se sabe, no se vive y no se puede enseñar. Un gran problema es la ignorancia religiosa que ha provocado la proliferación de innumerables sectas cristianas y no cristianas que van lentamente minando nuestra fe.

La familia hoy más que nunca, tiene un rol fundamental en la transmisión de la fe. Qué bien nos haría como matrimonio tomar el catecismo y empezar a leer juntos las partes que más nos interesan. Tendría que transformarse en nuestro “mataburros”.

También podríamos preguntarnos cómo cultivamos nuestro amor a la Iglesia en nuestra casa: la lectura de la palabra de Dios, nuestras conversaciones acerca de la fe, cómo aprovechamos los periodos de catequesis de confirmación y primera comunión de nuestros hijos.

Nuestro desafío es conquistar lo que se ha heredado. Tenemos que llevar hacia el futuro lo que nos legaron nuestros abuelos. ¿Qué nos legaron? Lo que hayáis heredado de vuestros padres, conquistadlo para así poseerlo realmente.


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